(Dirección de Ornitologia y Aerodinámica) According to daily journal Clarín, from Buenos Aires, both Argentinian-subtropical Gringo Kevin Johansen, with his group The Nada (Los Nothing, or Bi Welcome), and Uruguayan Martín Buscaglia, accompanied by The Bochamakers (Los Hacedores de Boules), will play on October 6th, during the final party of La Noche de los Museos (The Night of the Museums), in Puerto Madero (Wood Harbour), Madero Puerto Yeah! / to see a concierto
If that information is confirmed, that will make the capital of Brazil become the cosmic and biocentric Aleph of the Universe during that weekend. Lots of naked or getting naked (quitarse la ropa) girls with wings are expected to migrate to the Gran Capital del Sur (The Big Capital of the South) during spring, and the happy weekend of October 6-7 will probably accelerate this phenomenon, due to reproduction/pansexual necessities of this most beautiful and beloved species (see photo).
For a comprehensive contextualization (contextualización) of those curious phenomena of the South (El Sur también Existe), we highly recommend our most curious readers the following criollo sources:
Martin Buscaglia's hit "Cerebro, Envidia, Orgasmo, Sofia", with Brazilian star Arnaldo Antunes
http://www.youtube.com/watch?v=1W0VUyqM3Rg
Martin Buscaglia's hit "Cerebro, Envidia, Orgasmo, Sofia", with Brazilian star Arnaldo Antunes
http://www.youtube.com/watch?v=1W0VUyqM3Rg
Kevin Johansen's top seller "Daisy", a tribute to porteño transexuals (travesaños)
http://www.youtube.com/watch?v=nyJSSBh8VHY
http://www.youtube.com/watch?v=nyJSSBh8VHY
Initial scene of "El Lado Oscuro del Corazón", a dramatic interpretation of Oliverio Girondo's poem "No me importa un pito" (I couldn't care less, you mothafuka!! -unabridged version attached)
http://www.youtube.com/watch?v=-EMBtqEC1ew
http://www.youtube.com/watch?v=-EMBtqEC1ew
Leopoldo Marechal's novel "Adán Buenosayres" (quite long, get yourself a copy you mothafuka!!!)
Jorge Luis Borge's short story "El Aleph" (quite short, but you shoud get yourself a copy as well you mothafuka!!!)
Oliverio Girondo
NO SE ME IMPORTA UN PITO...
Oliverio Girondo
NO SE ME IMPORTA UN PITO...
No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.













